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Magnitud y grandeza: temblor del 19 de septiembre, 2017

Ana Morales*

1.

Los temblores nos afectan a todos, sin importar la edad, el estatus social, sexo, todos los sentimos, con más o menos conciencia de lo que está sucediendo y de lo que nos podría suceder, con más o menos miedo de morir o de vivir, pero nadie se escapa. Afecta nuestra mente y nuestro cerebro, por lo cual tenemos frente a tal evento una gran labor de reorganización interna. Por suerte, ya no vivió esta experiencia Rafa, mi esposo, porque él falleció en febrero de ese año.

Mis hermanas viven en la ciudad de Puebla, por lo que aquel día tomaría yo el camión por la tarde para llegar allá aproximadamente tres horas después. Con el boleto en la mano, estaba en la cocina dando las últimas instrucciones a mi cocinera para que atendiera, en mi ausencia, a mi hijo y a las mascotas.

Estaba yo ahí, parada cerca de un muro cuando sentí que me empujaban. Inmediatamente detecté el temblor y le dije a Elia, la cocinera, que estaba temblando; “¡Ay, no, señora¡ ¡A mí me dan harto miedo los temblores!” “Pues vamos para afuera”, le dije. Queríamos salir de la casa y no se podía casi caminar, el rugir de la tierra es algo tan imponente; verdaderamente no se sabe en cuántos segundos va a parar. ¿Cuándo va a cesar aquel reclamo de la madre Tierra? Todo ruge, todo se estremece, todo se mueve. ¿Qué pasa?

La puerta de entrada es de madera y al querer abrirla para salir iba y venía. Finalmente la pesqué cuando venía hacia mí y pude abrirla. Tenía la intención de permanecer en la rampa que sale a la calle, junto al garaje, porque decíamos que ahí era la zona segura. No hay nada arriba; el cielo raso, nada más, y aun así nos aposentamos Elia y yo en la barda del garaje, justo enfrente de uno de los coches.

Nos sentamos ahí porque, al abrir la puerta, oí claramente la voz de mi esposo que me decía: “¡Hasta aquí llegaste, siéntate y no te muevas!” Así lo hice, y en lo que pasaba el temblor yo pensaba “¡Qué clarito oí la voz de Rafa!”, y me quedé pensando “¿Será cierto? ¿Es un mensaje de alivio?”

Cuando recuperé la conciencia del momento, le dije a Elia “¿Qué está pasando?” “¡Esto no para!”, gritó ella habiendo ya bajado a toda la corte celestial. Los perros también salieron, y abiertos de cuatro patas, creo yo, no querían perder el equilibrio. Se oyen ruidos de cosas que pasan, no se puede identificar claramente si algo se cayó, quebró, rompió… Siente uno que el temblor es oscilatorio, por unos segundos, luego poco después trepidatorio, para y se vuelve oscilatorio, ¡Dios mío, ya!

2.

Finalmente paró, el silencio que le sigue es muy especial, es como cuando de niños oímos el mar dentro de un caracol de mar, rosado, tan natural y tan bonito, ese silencio puede ser como el del final, como el del cielo, no sé, ni en un panteón he oído algo igual.

Fuimos a la rampa, aquel lugar seguro estaba lleno de piedras como de cascajo, ladrillos y pedazos de ellos; eso sí, ni una piedrita nos cayó ni a nosotros ni a los coches… Nos metimos a la casa, inspeccionamos las paredes: nada; los baños: nada. ¡La azotea! ¡Cuánto cascajo¡ ¿De dónde pudo haber caído? De la chimenea de la vecina, como 15 metros arriba del piso, se desmoronó y salió volando sobre mi azotea y la rampa de salida a la calle…

Como dos horas después, cuando por fin la luz y los teléfonos “volvieron” (otros infartados), me llamó uno de mis hijos que estaba fuera de la ciudad:

--Mamá, ¿por qué no contestas? ¡Te he estado llamando!

--Mijito, no sé, no teníamos ningún servicio, pero todo bien, la casa perfectamente, los perros, todo bien…

Pensé:  “¿para qué le digo lo de la chimenea del vecino?”

--¿Dónde te paraste? ¿En la rampa?

--No, mijito, no pudimos llegar, estuvimos sentadas Elia y yo en el garaje, pero…

--¿Y la zona segura? --contestó ya en un tono incriminatorio (hubiera sido fatal que en los periódicos dijeran: “¡señora muerta de un ladrillazo por el temblor!”).

--No llegamos, mijito, estuvo horrible, horrible… no te imaginas…--fue todo lo que pude decirle.

 

Fuente de imagen:  https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Terremoto_de_Puebla_de_2017_-_Ciudad_de_M%C3%A9xico_-_15.jpg

*Estudiante del Taller de Crónica Literaria.
  CEPE-CU, UNAM, CDMX.


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