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Chimamaanda Adichie: el peligro de una sola historia

Jean Claude Bisimwa Banyanga*

Jean Claude Bisimwa Banyanga

Después de ver el video “El peligro de una sola historia”[1], de la nigeriana Chimamaanda Adichie, ahora me doy cuenta de que en el espacio interior y exterior de cada vida, cultura y sociedad, se halla la posibilidad de una historia de la que brotan otras múltiples historias, llenas de muchas experiencias, las cuales a veces son agradables o desagradables. Sin embargo, todas estas historias forman parte de nuestra vida y nos ayudan a crecer y a tener, de cualquier modo, nuevas visiones del mundo.

En efecto, en este video, Chimamaanda Adichie cuenta historias de su vida desde que era niña hasta hoy que ya es adulta y, por consiguiente, explica lo que ella llama “el peligro de una historia única”. Chimamaanda Adichie cuenta que de niña tenía una "historia única" vinculada a lo que solía encontrar en los libros que leía. Como consecuencia, su visión del mundo y de la humanidad estaba limitada y, además, no podía reflexionar o imaginarse otra realidad que pudiera existir más allá de la suya. Por lo tanto, cuando tenía que escribir cuentos, su imaginación creativa estaba reducida a las personas que solía ver en su entorno y en sus libros, las cuales eran blancas. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de qué tan vulnerables e influenciables somos ante una historia, sobre todo en nuestra infancia: “Porque yo sólo leía libros donde los personajes eran extranjeros, estaba convencida de que los libros, por naturaleza, debían tener extranjeros, y narrar cosas con las que yo no podía identificarme”. Por lo demás, todo cambió cuando descubrió los libros africanos. No obstante, siguió leyendo libros extranjeros, a pesar de que había encontrado a autores africanos. Eso, según ella, la ayudó a avivar su imaginación; además, este hecho le abrió nuevos mundos.

Creo que, gracias a este descubrimiento, surgió en su vida la idea, la concepción y la comprensión de la "historia única" y sus defectos, pues señala que el descubrimiento de los escritores africanos la salvó de conocer una sola historia, la de Occidente. Mi opinión se va a enfocar en lo que Chimamaanda Adichie llama “el peligro de una sola historia”.

Es cierto que todos tenemos, de alguna manera, una visión singular, atómica, construida por nuestra imaginación respecto a las personas, cosas, culturas, países, valores y el mundo en general. Con frecuencia, estas ideas se presentan de forma oscura causadas, por un lado, por la ignorancia y, por otro lado, por un complejo de superioridad e inferioridad, caracterizado también por criterios infantiles en la manera de juzgar o de considerar a los otros. Encerrados en nuestra construcción mental o en lo que nuestros padres, maestros, amigos u otro tipo de gente nos han contado, caemos muchas veces en el prejuicio, etiquetando a personas con quienes nunca hemos tenido oportunidad de encontrarnos, o bien, tenemos estereotipos acerca de un país o de todo un continente que nunca hemos visitado. En ocasiones somos como las personas que nos relata Platón en su alegoría de la caverna. Platón explica que unos prisioneros están encerrados en una caverna oscura donde solo un poco de luz entra por una abertura. En el fondo se proyectan las sombras de las personas y de los animales que caminan afuera. Los prisioneros creen que esas sombras constituyen toda la verdad. Sucede, entonces, que uno de ellos logra escaparse y, después de acostumbrar sus ojos a la luz, percibe por primera vez la verdadera realidad, con colores y demás matices imperceptibles en las sombras. Así se presenta nuestra realidad en esta "historia única" que nos cuenta Chimamaanda Adichie. En esta "historia única", somos prisioneros de nuestros sentimientos de subjetividad y de cuanto escuchamos de lejos. Todo eso nos impide ver la verdad con claridad, hundiéndonos en una oscuridad implacable. Allí somos como mónada calafateada en su mismidad[2] incapaz de abrirse para entrar ampliamente en contacto con la realidad. Nada más percibe unas sombras de la verdadera realidad.

A menudo rechazamos la verdad porque no queremos entenderla, porque estamos habitados por un complejo de superioridad y pensamos que reconocer la grandeza de los demás nos rebajaría hasta parecernos a ellos o ser sus iguales. Es así como creamos una "historia única" acerca de un pueblo, una cultura, un país, incluso todo un continente. No hay mayor pobreza antropológica que esta que apoca, o, mejor dicho, que reduce la dignidad de otras personas o de toda una sociedad a una cosa. Sin embargo, una persona dotada de curiosidad debe estudiar los fenómenos sociales en su globalidad, sin limitarse a un análisis de las acciones individuales. La sociedad se impone al individuo y no al contrario. A título de ejemplo: algunos mexicanos emigran a Estados Unidos. Entonces, todos los mexicanos son migrantes. Este razonamiento es falso. Solo ciertos mexicanos emigran a Estados Unidos, no todos. Por lo tanto, hay que saber el porqué de emigrar de algunos, pero tampoco se puede concluir que todos los mexicanos sean únicamente migrantes, y nada más que eso.

 

Cabe mencionar que lo más vergonzoso de la "historia única" es que también los grandes intelectuales se enfrascan en esta baja y ridícula manera de pensar. En el video mencionado, Chimamaanda Adichie subraya que John Locke, quien fue de viaje a África Occidental, después de su viaje se refirió a los africanos negros de una manera denigrante. Cosa parecida sucede también con el filósofo alemán Friedrich Hegel en su obra La razón en la historia[2]. en la que hace afirmaciones ofensivas para África. Lo que sabemos es que Hegel nunca fue a África durante toda su vida, y se basó solo en las investigaciones del geógrafo Karl Ritter (1779-1859) para escribir todo un libro lleno de desprecio hacia la gente del África subsahariana.

Por si fuera poco, en 2007 el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy[3], en su visita a Dakar, capital de Senegal, en África, volvió a repetir estas palabras hegelianas a los estudiantes de la Universidad Cheikh Anta Diop. A través del discurso del presidente Sarkozy, contemplamos lo que apunta la nigeriana acerca de que es imposible hablar sobre la "historia única" sin hablar del poder: “nkali” (ser más grande que otro).

Estos ejemplos sirven para ilustrar la oscuridad y la miseria en las que nos hunde la "historia única", cuyas consecuencias son el robo de la dignidad de los pueblos y la dificultad de reconocer nuestra igualdad humana; más aún, la "historia única" enfatiza nuestras diferencias.

Dado que no puedo resaltar en poco espacio toda la riqueza del video de Chimamaanda Adichie, me gustaría concluir diciendo que la "historia única" constituye para la humanidad una gran limitante y una ceguera contra su desarrollo. Por el contrario, debemos combatirla desafiando los prejuicios y los estereotipos. Debemos aprender a acercarnos al otro para asegurarnos juntos un porvenir común en el aprendizaje mutuo, la escucha, la comprensión y la aceptación de la diversidad. Actuando así, la humanidad logrará vivir en la colaboración para construir una sociedad donde haya respeto y amor. Cada uno debe salir de sí mismo y acercarse al otro, aceptando la diversidad como un medio de riqueza para aprender otras maneras de leer la vida y crear zonas de contacto que permitan establecer puntos de encuentro, con el fin de superar las incomprensiones y dificultades de la convivencia entre las personas y grupos que tienen su historia y sus costumbres. Formar la conciencia histórica, despertar el sentido de la curiosidad, tener una visión global de la realidad y del carácter peculiar de cada pueblo; educar para la realidad y no para la falsificación de lo verdadero. Así pues, con esta dinámica, conseguiremos una postura de mayor conocimiento y comprensión de la historia de cada quien, en vez de basarnos en los estereotipos populares que generan conflictos y violencia. Salir de nuestro propio mundo y abrirse a la complejidad de la verdad. Y, por lo tanto, cada quien debe asumir su propia historia como nos lo muestra la nigeriana Chimamaanda Adichie: “Todas estas historias me hacen quien soy, pero insistir sólo en lo negativo sería simplificar mi experiencia y omitir muchas otras historias que me formaron”.

 

*Estudiante de la República Democrática del Congo del curso: Español 6 
 CEPE-UNAM, Ciudad Universitaria, Ciudad de México

 



[2] En este contexto, al hablar de mónada calafeteada en su mismidad nos referimos a aquella persona que está encerrada en su ego (yo) y replegada sobre sí. Por lo tanto, aquella persona encerrada en los límites de su individualidad no puede salir de su propio mundo, tal cual se le aparece, para convivir con los demás. Sabemos que la vida social exige, en vez de encerrarse en sí, una entrega abierta, no una vida separada, sino una vida que entra en relación con las otras vidas.


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