Flores de Nieve, Revista de estudiantes y profesores de español
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Revista electrónica editada por estudiantes y profesores de español y áreas de cultura de:

Historia

Quiahuixtlán, un sitio arqueológico desde donde (se dice) avistaron los indígenas la llegada de los españoles

por Paz de la Torre*

Quiahuixtlán

Por la carretera que lleva de la Ciudad de Jalapa, capital del estado de Veracruz, hacia la costa del Golfo de México, se puede acceder al sitio arqueológico de Quiahuixtlán. En lo alto de un cerro, al pie de un peñón que, por su forma apuntada y su inusitada altura, sin duda marca la existencia de un lugar mágico, podemos ver los restos de un antiguo Centro Ceremonial. Hace mucho tiempo que se sabía de este sitio, como ocurre en el caso de otros lugares arqueológicos cercanos que los lugareños tienen perfectamente ubicados, pero que la carencia de recursos humanos y económicos no ha permitido rescatar.

 No fue sino hasta 1982 cuando, bajo la dirección de arqueólogos del INAH y con la ayuda de estudiantes y obreros voluntarios, se empezó la titánica tarea de sacar a Quiahuixtlán de entre la maleza, que por siglos lo protegió y conservó .

Partiendo de la carretera principal que lleva de Cardel hacia Tecolutla, se llega por un camino de terracería, mismo que antes se hacía a pie y que hoy permite subir a los coches montaña arriba, hasta un sendero escalonado, el cual finalmente desemboca en una de las antiguas plazas; al llegar a esta plaza, se observa una gran cantidad de pequeñas construcciones asentadas sobre plataformas individuales, al frente de las cuales hay escaleras de acceso a los diminutos recintos(1); al respecto, un joven guía local nos explica:

 —Esas pequeñas casas que usted ve, son la morada eterna de los señores de este lugar. Todas tienen una amplia puerta en el frente y un pequeño orificio en la parte posterior. Por la primera entraba el cuerpo del difunto, por el segundo se escapaba su alma”.

 Cerca de ellas, sobre una terraza que mira hacia la costa se encuentra una gran plataforma piramidal que aún sostiene la que se cree que es una piedra de sacrificios. Más abajo, en la ladera, descansan los restos de un juego de pelota. Todo ello sobre claros acorralados por una cerrada maleza de increíble color esmeralda (2).

Desbarrancando la mirada hacia el mar, que se siente muy cercano, se puede ver la Villa Rica de la Vera Cruz, todavía habitada por los lugareños (3). Junto al peñón que separa sus dos playas, se dice que los señores totonacas de Quiahuixtlán avistaron por primera vez las naves de Hernán Cortés. De pronto algo nos hace pensar que tal vez en ese momento a los vivos también se les quiso ir, de alguna manera, el alma.

—Esto que les cuento no lo inventé yo— nos dice nuestro joven guía — lo leí en un libro que escribió un señor Díaz del Castillo y que me regaló mi maestra. Yo siempre se lo muestro a los visitantes, para que vean que lo que digo es cierto”, nos explica, sacando de una bolsa de plástico arrugada una vieja edición de la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, que nunca como ahora, aquí en Quiahuixtlán , nos pareció una “historia” tan “verdadera”.

(1)    “Otro día, a hora de las diez, llegamos en el pueblo fuerte que se dice Quiahuiztlán, que está entre grandes peñascos y muy altas cuestas, y si hubiera resistencia era malo de tomar”.

Díaz del Castillo, Bernal . Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México. Ed. Porrúa .1968. Capítulo XLVI. P.146.

(2)   “En la mitad de aquel pueblo no hallamos indios ninguno con quien hablar… que se habían ido… aquel propio día , desde que nos vieron subir a sus casas. Y estando en lo más alto de la fortaleza , en una plaza junto donde tenían los cues y casas grandes de sus ídolos , vimos estar quince indios con buenas mantas y cada uno un brasero de barro y en ellos de su incienso; y vinieron donde Cortés estaba y le sahumaron, … y con grandes reverencias le dicen que les perdone porque no han salido a recibirnos , que se habían ausentado hasta no ver qué cosa éramos, porque tenían miedo de nosotros y de los caballos y que aquella noche les mandarían poblar todo el pueblo” Ibid. P. 147.

(3)   “….acordamos de fundar la Villa Rica de la Vera Cruz. En unos llanos, media legua del pueblo que estaba como fortaleza que se dice Quiahuiztlán y trazada iglesia y plaza y atarazanas y todas las cosas que convenía para ser villa, e hicimos una fortaleza…”

Ibid. Capítulo XLVIII- P. 149

 

*Profesora de Arte

CEPE-CU, UNAM, México, D.F.

pazdlt@correo.cepe.unam.mx

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Año 11, Núm. 22
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